Cine y tv y cosas

Sobre Anatomía de un instante, del libro a la serie de televisión

El libro Anatomía de un instante incluye un error que lo descalifica completamente. Afirma, y con intención, que Adolfo Suárez carecía de estudios, cuando en realidad era doctor en Derecho por la UCM; y esto, en una obra que es casi biográfica, no es admisible y genera a continuación una cadena de errores sin fin. La serie de televisión no lo afirma tan explícitamente, aunque el narrador en off sí repite en unas cuantas ocasiones “Suárez, el vendedor de neveras” con evidente intención despectiva; pero Suárez, que procedía de una familia de clase media baja, tuvo que realizar algún trabajo de estudiante, aunque nunca vendió neveras. El actor que lo encarna en la serie, Álvaro Morte, borda su trabajo, así como es igualmente excelente el actor Manolo Solo representando a Manuel Gutiérrez Mellado, con un papel escrito con más desgana y menos tensión.

Carrillo, por su lado, se presenta tanto en el libro como en la serie de tv como un ser acabado y prácticamente perfecto. En todo su diálogo, extremadamente escaso por otra parte, no hay una sola dubitación ni un titubeo. Ni siquiera hay un intercambio de ideas con interlocutor alguno. Cuando conversa con Suárez, simplemente contradice con una rotunda afirmación lo dicho por este. El actor Eduard Fernández clava un personaje pero en un ejercicio no tanto actoral como de imitador. La intocabilidad divina, con toda la razón y todas las razones de su parte, hacen que tanto el libro como la serie de tv inviten con ese personaje de Carrillo a no creer lo narrado.

Pero la afirmación, tanto del libro como de la serie de tv, de que “en Paracuellos se fusiló a 5.000 fascistas” no puede aceptarse en la actualidad, en la misma medida en que no podría aceptarse que se dijera algo así como que ETA fusiló a fascistas. No sólo es contraria a la historia, sino que es contraria a la humanidad. Desde el uso del verbo fusilar para una matanza en la que se utilizó todo tipo de métodos, incluyendo el asesinato con manos desnudas, hasta el insulto de “fascistas”, todo en esa afirmación es rechazable.

Javier Cercas ha estado de moda desde hace muchos años, y más aún desde que corrigió levemente su postura con una pequeña crítica al presidente de gobierno, perdiendo unos pocos fieles pero ganando muchos nuevos. Alguna buena obra de su currículum no puede justificar un panfleto antisuarista propio de las posiciones antisuaristas de la izquierda en los setenta, o pro-Carrillo, propio de las posiciones pro-PCE de los setenta. Y jugar con la masacre de Paracuellos de ese modo, como lo sería el afirmar que lo de Gernika, total, no fue tanto, sólo unas cuantas bombas, es, además de mentiroso, sectario, ofensivo y propio de una izquierda universitaria de la que hubiera sido de desear que todos supieran deshacerse antes de ponerse a escribir obras de esta ambición.

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