1 Me parece que se ha subrayado poco que el lehendakari se suele dirigir a sus conciudadanos vascos hablando castellano, aunque en la reunión esa rara de presidentes autonómicos utilizó para su rollete oficial el vasco: suena demasiado a provocacioncita cutre. No obstante, muy eficaz: la tontería en la que se sumergió la presidenta madrileña con eso de marcharse defendiendo su honor en plan comedia del Siglo de Oro dicen algunos que le ha dado votos, aunque también podría defenderse que se los ha quitado por otro lado. Ya veremos.
Yo lo que de verdad no entiendo es por qué se asocia tan automáticamente lo de los idiomas regionales con lo del Estado de las Autonomías; y no digamos ya con los abusos políticos de unos o de otros, y mucho menos todavía con terrorismos (como si no hubiera habido terrorismos varios usando el castellano, pongamos).Los idiomas se hablaron, se hablaban, se hablan y se hablarán mucho antes de que existieran, y hoy a pesar de que existen, estos fallidos artefactos autonómicos del Estado español, y se hablarán en el futuro cuando ya no existan las cosas políticas llamadas autonómicas.
Yo opino, y no quiero escudarme en que otros también porque a lo mejor va a resultar que soy el único y me importaría un pimiento serlo, que la cosa autonómica parece que obliga a ser mezquino, avaricioso, envidioso, schadenfreudoso, y además mentiroso: aquel clásico (nunca suficientemente elogiado) de “miente más que un concejal” a veces pide a gritos que se sustituya por su actualización: “miente más que un consejero, viceconsejero o director general autonómico o, en su lugar, el mismo presidente de ese ámbito”; pero es que con estos cargos tan largos y tan esdrújulos la frase pierde pegada. Y ahí es donde entra lo de los idiomas regionales españoles: precisamente, porque no entra. He observado que sólo los que desconocen por propia experiencia aquel pasado de habla normal y relajada, doméstica y natural, inintencionada, callejera, comercial y casual de los idiomas regionales españoles son los que hoy se indignan cuando alguien habla uno de ellos o incluso (venimos comentando esta cosa de la radicalidad supuestamente antisanchista exagerada agria y espinosa) simplemente cuando alguien por las cercanías defiende su uso. A ver, radicales que os las dais de más combativos que nadie: que el vasco tuvo un principal impulsor, con la ley de ikastolas parroquiales (el nombre oficial era otro, pero ya sabéis que a mí esos nombres oficiales se me atraviesan) de… ¡1957! Y sí, el abajofirmante de esa ley era él, lo suponéis bien, no estáis (ni estoy, de paso) loco: ese hombre, Franco. Y si no lo queréis aceptar, allá vosotros. El mismo allá que todos los que lo negáis con la opuesta intención política a la de los anteriores y decís que es imposible que un dictador como ese hombre aceptara que el euskera blablablá blablablá… Me da igual: si uno se quiere ahorcar en su ignorancia, que se ahorque, pero que no me manche los tapetes de las butacas del salón con sus babas. Lo que no está bien, digo en plan antífona, es eso de reírse de otros idiomas o parodiar sus palabras deformándolas y haciendo que las parecidas suenen a malsonantes. Eso ya es puro catetismo, como el que deformaba las palabras inglesas de cuando los años 60 y el pop invadía, o como el clásico catetismo anglohablante con los nombre españoles o italianos. Bueno, vale, que cualquiera es libre de burlarse de lo que quiera, por supuesto, faltaría más; pero luego, por ejemplo, los que deforman las palabras vascas para crear mofa contra ellas o contra los vascos, o las catalanas o las gallegas, o incluso el simple cheli madrileño para mofarse de los madrileños, que no se pongan como se ponen cuando les parodias su acentito y sus sfumatos y sus aspiradas gaditanas, o sus glotales del Ripollés (con las del Maresme no se atreve nadie) o su dicción salmantina cortada al hacha.
2 No me gusta mucho enredar con noticias de última hora y con la actualidad más rabiosa o tiñosa o como se diga; pero ya que hemos empezado mal, continuemos: a los que dudan de mi juicio cuando hablo de la miseria de la catástrofe educativa les vendría bien (me vendría bien a mí, en realidad, para que me invitaran a cocacolas en desagravio) atender a esta horrible noticia de estos días de un pobre chaval de un colegio concertado valenciano al que unos compañeretes acosaron, amedrentaron, matonearon y… acabaron violando. La víctima, como es frecuente en estos casos, se calló durante algunos meses; al final ni siquiera es que haya hablado libremente: es que un buen día se quedó catatónico en brazos de su madre (no es una forma de hablar). Cuento con que a la mayoría estas informaciones no les interesan mucho y se quedan en los titulares. Entre otras cosas, el pobre no habló durante esos tres meses porque los malos le habían amenazado con hacerle lo mismo a sus hermanos pequeños, también en ese colegio. En fin, desgracias y desgracias, y un clímax final: ayer dieron una especie de conferencia de prensa unos responsables de ese colegio, y la responsable de algo así como “el orden educativo” del centro (o formuleja eufemística parecida, típicamente pedagógica) soltó en plan manifiesto que hay que ver lo que les duele todo esto, que cómo iban a saberlo ellos si la víctima estaba callada, y que querían expresar su solidaridad con más o menos todo el mundo natural , animal o vegetal, y ¡con las familias de los victimarios! Eso sí, como dijo la otra tipa a su lado, también directiva camuflada bajo eufemismos, a mí películas, que hemos cumplido con todos los protocolos, recibimos la noticia por un escrito de (creo que) la fiscalía (y subrayaron con gestos) “con su membrete y todo”. Así que nosotros limpios, ¿eh? Eso sí, las familias de “los victimarios” son las que peor lo están pasando y no hay derecho a señalarlas así y tal y tal y tal.
3 Ojo a Miguel Ángel Gallardo. Semejante petimetre, ex – varias cosas extremeñas, y por fin diputado autonómico a toda prisa, una vez pre-procesado, para conseguir el aforamiento, no merecería ser mencionado ni su nombre repetido, si no fuera porque es alguien al nivel de un Gavrilo Princip (petimetre donde los haya, ortografía serbia aparte), o cualquiera de esos muchos otros que en un momento dado, desde mucho antes de Beltrán Duguesclín, que decíamos en aquel lejano bachillerato, “ni quitan ni ponen rey, pero ayudan a su señor” y todo eso: con todo el morro que ya podríamos suponer gastado dada su hazaña aforamientógena, va y suelta en la tele ayer mismo (o quizá fue anteayer, pero la cosa merece redifusión), con gesto y cara y cejas y ojos de perro labrador huérfano, “yo no he cometido fraude de ley; no puede haber fraude en la ley”. ¿Algún voluntario para explicarle a este imbécil las cuatro reglas? Y eso que lleva tiempo en política. ¡Qué habrá creído estar haciendo!
4 Ojo a Trump, claro, aunque a los radicales antisánchez esto les suene a proclama prosánchez (a ver si os serenáis, coño). Llevo años de tertulias (de las de verdad, no de las televisivas) discutiendo acerca de si los Estados Unidos iban a seguir siendo así, como venían siendo y nos mostraban las series Furia, Bonanza, Ironside, Misión imposible, Kojak y todas esas tan publicitarias, que en realidad eran tranquilamente como Crónicas de un pueblo de aquí, que a la mínima te salía con el Fuero de los Españoles, y las otras con “la segunda enmienda” de su constitución, o si más bien acabaríamos viendo su división probablemente en cuartos (siempre fue la opción con mejores apuestas) o quizá en dos mitades (sur-norte solía ganar a este-oeste). Cualquiera que conociera siquiera un poco el asunto veía inmediatamente que eso del melting pot era un camelo tan publicitario como las películas del Oeste, porque nada te quitaba la impresión de que era más bien un salad pot en el mejor de los casos. En fin, que (no debemos de ser muy lúcidos) llevamos como treinta años dándole vueltas a la cosa y sin llegar a nada claro, cuando se nos echa encima el afectao este de Trump y entre provocaciones y burradas y agresiones y matonadas y mala educación, de pronto parece que nos lo va a dar solucionado. Eso de poner ¡nada menos que a los marines! apostados en California a sustituir “de momento” a una Guardia Nacional estatal que, como sabemos por las películas, es siempre perezosa y lenta (aunque luego bruta que te cagas, porque están ahí todos los palurdos de Deliverance con ganas de gatillo) es volver a los disturbios racistas de cuando Johnson, cosa que acabó, si es que acabó, como el rosario de la Aurora, como ya sabemos, y no fue a más porque entonces todavía había gentes que creían en lo que hoy ya apenas cree nadie salvo dos fumaos. ¡Si el que más proclama la cohesión y la cosa MAGA y toda esa patraña es nada menos que el afectao comandante en jefe, pero es el que no duda en lanzar al ejército (que allí distinguen, pero a mí no me da la gana) contra la propia población, y hasta propone detener al gobernador y casi a la alcaldesa de Los Ángeles!
Si pasara aquí una centésima parte de eso.
Se comprenderá por qué no quiero meter gaurkotasun en este blog, ¿no?
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