Un poco de descanso

Eso, para compensar la otra entrada, me ha parecido que podría ser agradable contemplar esta maravilla. Un corresponsal muy querido me envía fotos y vídeos desde su puesto de trabajo como piloto de grandes aviones. A veces me las hace llegar casi en directo, como esta maravilla que adjunto aquí abajo, que os voy a dejar un ratito para que contempléis y veáis si podéis deducir de qué lugar se trata:

En efecto, se trata del estrecho de Gibraltar contemplado desde el Océano Atlántico: a la derecha, África, o sea Marruecos, y a la izquierda Europa, o sea España, o sea Cádiz.

En la parte africana se ve bien esa gran ciudad, que por supuesto es Tánger; y más allá se adivina el final de esa cuasipenínsula, con el saliente de Ceuta. A la izquierda, las playas gaditanas del sur, Tarifa, y un poco más allá la Bahía de Algeciras y el Peñón, y hasta se vislumbra la línea de costa yo diría que hasta Estepona o por ahí.

Aquí abajo, en lo que a nosotros nos parece cerca de la costa, un pesquero enfila el cabo Espartel y deja su estela en un mar sin duda cabreado; y se ve bien el comienzo de esa sucesión inverosímil de playas que parecen deslizarse hacia el suroeste sobre sí mismas.

Se trataba de un vuelo de poco después del mediodía, de modo que esa oscuridad del cielo nada tiene que ver con noches ni ocasos: estos vuelos de carga van muy por encima de las altitudes habituales de los de pasajeros, y se acercan a esas alturas casi casi de pequeños vuelos espaciales, en los que la absorción de los colores por parte de la atmósfera cambia súbitamente.

Además, el horizonte: preguntado el autor reiteradamente si ese efecto curvo se debía al objetivo de su cámara o del parabrisas o de algo irregular, este contestó no menos reiteradamente que de eso nada. Que, de hecho, tenía proyectos de embarcar alguna vez a excursiones de terraplanistas, todavía no sabía si por fuera o por dentro del fuselaje, para que se dejaran de mandangas y reconocieron la realidad con sus propios ojos (yo, más viejo y quizá escéptico, le auguré que ni aun así conseguirá una retractación): que desde los 35.000 pies (que es aproximadamente la altitud a la que está hecha esta foto, en lugar de los 30.000 más frecuentes en los vuelos de pasajeros) ya se aprecia esa curva del planeta no sé si misteriosa o intrigante o por lo menos sugerente, que además parece siempre invitarte a mirar qué hay más allá de ella.

Y con esta foto bien ampliada y enmarcada, ya sólo queda embobarse y acabar escribiendo un libro del que no tenemos noticia todavía: La historia del estrecho de Gibraltar. Anda que no hay ahí material.

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