Se ha confirmado que la derrota del Barça en la Champions se produjo apenas un minuto después de una misteriosa llamada telefónica múltiple y simultánea que hizo Isabel Díaz Ayuso a la UEFA, a la FIFA, al árbitro del partido y de paso a su señora madre para que metiera menos tomate en las empanadillas para la cena que esa noche reuniría a la familia, y que luego todos celebran con ardor, pero gástrico, de lo cual se ha extraído también la culpabilidad de Ayuso en los problemas que empieza a haber en la fábrica de tomate Orlando, que es el que al parecer utiliza la señora suegra o eso de la actual pareja o eso de Ayuso. Dicen algunos que Comisiones Obreras de RTVE y, ya de paso, de Telemadrid, se va a querellar de momento no saben contra quién ni por qué motivo, pero que desde luego se va a querellar, a ver si saca algo: el modelo PNV de desfachatez empieza a hacer estragos (pero es erróneo: el PNV se lo copió a los primeros, que fueron los sindicaleros).
En todo caso, hablando de sindicaleros, ¿de qué va esa especie de bronca no se sabe si exquisita o finolis o todo lo contrario, aparentemente basada en las chorradas que soltaron tanto en plató como en Roma los diversos protagonistas del nuevo programa La familia de la tele, tratando, al parecer, de modo inadecuado o irrespetuoso las cosas del papado? No entiendo muy bien qué sucede: ¿que la cuasicorresponsal medio de coña del programa (parece que era así la cosa) hacía preguntas chorras por la plaza de san Pedro? ¿Ahora salimos con esas?
Ya nos hemos manifestado acerca de la frivolidad: cómo vivir sin frivolidades; no todo va a ser “trascendencia”, “relevancia”, juandiegobottismo. Aunque, desde luego, el principio de “zapatero (ejem) a tus zapatos” no es algo que haya que despreciar: por ejemplo, qué hace la corporación, como les gusta llamarse, dándole un programa a ese Jesús Cintora, que incluso llegó a ser expulsado de Cuatro y sustituido por su, por otro lado, secuaz Javier Ruiz, “por hacer formación y no información” (más o menos sic, creo que no recuerdo mal), que en ese contexto quería decir, sí, lo que parece. O sea, lo mismo que hace ahora. No vamos a entrar al detalle, porque haría falta un Tom Wolfe minucioso y de 900 páginas para plasmar lo que hacen estos dos y la degradación a la que someten al mundo informativo, a la televisión e incluso al idioma castellano. ¿Ahora por un par de juegos de palabras mal traídos e inoportunos se ponen estupendos los estupendos, después de haber tragado carros y carretas? ¿Y dónde estaban cuando Silvia Intxaurrondo dijo por primera vez en la tele pública al principal candidato de unas elecciones “usted miente”, con una dureza y un rigor nunca vistos, y a las 24 horas estaba posando dulcemente sus ojos sobre el segundo candidato pero presidente accidental y los televisores en las casas rezumaban almíbar pringoso por esos calzadores de miel templada que la entrevistadora le proponía al halagado? Oye, que lo de ser duros con los tontos de los políticos pues muy bien, pero cuidadito con esas asimetrías, ¿no?, que a lo mejor luego las vas a tener que pagar a lo largo de mucho tiempo. No se sabe si los de estas pandillas van a pagar nada en el futuro, tan amarrado parecen tenerlo todo. Pero por lo menos el decoro, coño. ¿Dónde estaban los que ahora protestan por esas idioteces del nuevo programa grosero cuando había cosas muy muy serias por las que podrían haber protestado, pero era más peligroso? Bueno, mejor que no les parezca bien lo de ahora, me parece. Se trata de gentes, los que ahora han protestado, de buen oficio y seriedad, y aceptemos que, sea cuando sea, hayan accedido por fin a la luz de que por poder poder puedes oponerte a los jefazos cuando estos se lo merecen; aunque la mayoría están ya jubilados o cosa parecida. Pero que no insistas: aceptemos lo que de bueno tenga.
Ya venimos comentando que eso de ver la luz tardíamente tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.
Cosas buenas:
-Estos súbitos videntes, por lo menos, no siguen engrosando el ejército de las tinieblas, de la pasividad cómplice, de la demagogia, de la ignorancia frívola (precisamente) del que formaban parte.
-Algo, a veces, algunos, colaboran, aunque sea tarde, a la supervivencia (nunca diremos a la victoria) del sentido común, de los conocimientos o de la inteligencia, según los casos.
Cosas malas:
-Los súbitos videntes ignoran en general, por algún extraño mecanismo, que los veteranos de esa causa saben cosas que quizá ellos no, tanto de fondo como de métodos, y de pronto se convierten en enemigos de estos veteranos, a los que acusan de moderantismo, pactismo, blandismo y todo lo imaginable.
-Casi siempre se apropian de las causas a las que acaban de llegar, que casi siempre son de largo recorrido pero ellos no lo ven, y las transforman en otras causas, con lo cual las verdaderas y necesarias acaban abandonadas.
No es difícil encontrar por aquí videntes súbitos de estos, desde los de la Guerra Civil hasta los de Contra El Franquismo Vivimos Mejor De Modo Que Ahora Nos Lo Inventamos, por no hablar de los que están hoy en día luchando contra ETA como leones o contra la prohibición de que una mujer se abra una cuenta bancaria o se saque el carnet de conducir sin la autorización de su papá o su marido. Pero es más difícil de entender a estos de RTVE: muy buenos profesionales en su momento, ¿por qué ahora y no cuando pasó lo que pasó, no hace tanto sino más bien muy poco, con el consejo de administración del ente? ¿No salió entonces la palabra “dedazo” y sí sale ahora? ¿Y cuando los múltiples, repetidos y frecuentes asaltos a la verdad y a la justicia perpetrados por los sindicatos, que han acabado con carreras profesionales sólo por no afiliarse, por ejemplo, o por muchas otras causas de verdad frívolas y de mera conveniencia (de ellos) momentánea, importándoles un pimiento los destrozos y los estragos que han venido causando? ¿Es que nunca se enteraron de nada, y ahora sí?
¿Es tan importante una idiotez como La familia de la tele (que sí, que es una idiotez: ni siquiera es frivolidad necesaria y saludable, es otra cosa muy putrefacta), y no lo han sido todos los programas de cultura sesgada, partidista, sectaria que se han venido haciendo y se siguen haciendo diariamente, sobre todo en La2, pero contaminando casi cualquier brevísimo segmento de cualquier otro programa en La1, en 24h, en la división que sea, lejanamente relacionado con esa cosa amorfa, degradada ya en sus manos, que recibe incomprensiblemente el nombre de cultura? ¿No han notado ni siquiera cuando estos por otro lado buenos profesionales de una profesión muy difícil estaban en las redacciones, que en los telediarios se habla sistemáticamente, en ese segmentito casi siempre al final, de unos músicos o cantantes o pifanistas (con f) y nunca de casi todos los demás, y de las novedades que sacan o van a sacar y de los discos que esperan vender -ahora son descargas de Spotify o así-, pifanistas y afines que no sumarán más de 25 o 30 de cierta lista, pero que de esos que sin exagerar podemos llegar a contar varios miles de conjuntos, cantantes, músicos y no digamos clásicos de cámara y similares, como si no existieran? ¡Ah! Ahora se ha abierto un poco la mano en cuanto a escritores, con los que pasaba exactamente lo mismo, pero ahora, con las nuevas directrices, las listas de entrevistadas, reseñadas, glosadas y publicitadas es mucho, mucho más amplia. Pero sólo es más amplia por ahí, según lo dicho.
En fin, las fatigas habituales que venimos comentando: propias de un tiempo sin muchas más causas, para muchos, que las pasadas, que se empeñan en convertir en presentes. Qué pronto las secuelas, que las hay, de aquellas causas, y que son las que habría que combatir, se abandonan. Las causas antiguas reclaman a los neovidentes, más que nada porque ya están resueltas para bien o para mal y es más fácil tratar con ellas.
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