Apéndice al 20 de marzo

1 La ley de la raza

Óscar López el carismático, seguido inmediatamente por Elma Saiz y Diana Morant y a continuación por toda la corte neroniana de Moncloa, Ferraz y Miguel Yuste, unos encantados y otros acojonados, se han lanzado radicales, tajantes y furiosos a tildar de “racista” a Isabel Díaz Ayuso porque esta ha anunciado que va a reclamar la rara repartición entre comunidades autónomas de inmigrantes menores que acaba de ordenar el gobierno; ya se sabe que como 22 o así para Cataluña, y como 30 o así para el País Vasco, y como 700 y pico para Madrid. Las cosas se hubieran quedado en simplemente numéricas si no viniera del día anterior y de muchos días anteriores la llantina catalana acerca de la contaminación de su raza y cómo ir evitándola. Qué van a hacer con esos 22, pues, es cosa que ahora se debate intensamente en ciertos medios. Palcos en el Liceo no les van a dar.

2 Afinidad o ecuanimidad

Quedan muchos que anteponen su gusto personal, tan legítimo, por supuesto, a la observación ecuánime de las cosas. Isabel Díaz Ayuso tendrá los defectos que se quiera, pero las cosas han pasado a una fase de deterioro en la que ya no caben respuestas del clásico estilo de ese “es que qué mal me cae la tía”, “es que no la soporto” y similares: a ti ella te gustará más o menos, pero lo que se está haciendo con ella no se ha visto antes en la democracia española. Si se habla de campaña de derribo te llaman exagerado; si se habla de cacería te tildan de ayusista; y así, como a ella, con cualquier cosa que digas (simplemente, si señalas que Madrid está saturado de inmigrantes ilegales mayores y menores y que qué son esas cifras nuevas de reparto por los famosos y malditos 7 votos del Congreso) te tildan de racista los mismos que han accedido y asentido a los argumentos de la raza catalana. Me parece que cuando desaparezcan las interferencias actuales, se verá que no hay derecho a hacer con político alguno lo que se está haciendo con ella, se sea de su cuerda o no, y que se está tolerando sin el huracán de protestas que se hubiera desencadenado en cualquier otro caso, simplemente por prejuicios o de exizquierda con inercia, o de criptomachismo, o de feminismo criptomachista.

3 Ya sólo se permite llamar “loca” a una única mujer 

La muy satánica presidenta, asesina de ancianos probablemente por voluntad y con disfrute (a diferencia de Pablo Iglesias ,“responsable de las residencias” autoatribuido al comienzo de la pandemia, para olvidar lo cual viene todo esto, y también a diferencia de los otros presidentes autonómicos, en las residencias de cuyos territorios no murió ningún anciano, pero ninguno ninguno), derrochadora de fondos sociales de los demás españoles al pedir que el ejército también desfile en Madrid el próximo 2 de mayo como todos los años anteriores, vampira de pasta de Zamora y de Jaén y hasta de la dana y probablemente impulsora del tráfico de esclavos pero no el de África a América, que parece el único (ignorancia obliga) sino de todos los anteriores desde las últimas guerras del Bronce (nadie se acuerda de las pobres troyanas, pero eso es en lo que cayeron: en esclavas, por culpa de Ayuso), acaba de decretar que nada de tabletas y pantallas en el cole hasta, por lo menos, la ESO, y entonces con nuevos y muchos cuidadines. Algo que los pocos sabios del asunto con alguna voz venían diciendo, pidiendo y estudiando desde que los comerciales lograron imponer sus ventas a los coles, a menudo de material además deteriorado. Las administraciones educativas, la nacional y las autonómicas, son tan espesas tan espesas que ni cuando ha habido en ellas cargos valientes y vanguardistas han conseguido más que unas poquitas cosas, casi todas “de vaciado” que se dice: más bien que NO se hiciera tal animalada que la progresía pedagógica antipedagógica quería hacer. Ahora habrá que investigar mucho mucho para llegar a saber cómo ha sido posible que una medida tan razonable, tan necesaria y tan evidentemente positiva se haya impuesto a pesar de lo que hay ahí metido, un verdadero estercolero de nuestra sociedad. Y a pesar, que se me olvidaba, de la infame, la nefanda, la inmoral, la antidemocrática, la “loca” (manda huevos, “la IDA”, tolerar esto y con aplausos además) de Ayuso.

4 Me da pena, pero tengo que reconocer que sólo unos pocos raros reconocemos de golpe a qué se refiere alguien cuando dice: “Hasta luego, y gracias por el pescado”. A ver si abrevio: os sonará, quizá, esa novela de ciencia ficción de humor titulada Guía del autoestopista galáctico. Ahorrándoos todo lo demás, que es mucho, sólo mencionaré que una de las varias conclusiones de la novela es que los delfines abandonan por fin el planeta Tierra después de haber probado a vivir en él durante algunos miles de años. Alegres y afables como son, se largan antes de que la maquinaria de obras públicas de la galaxia los despachurre junto a nosotros, pero no sin acordarse de que durante generaciones y generaciones les hemos estado repartiendo sardinas, aunque interrumpiendo sus inagotables juegos de saltos y cabriolas (que creíamos que hacían porque se lo pedíamos). Al irse, pues, nos agradecen las ingentes cantidades de pescado que les hemos estado dando en los aquariums y delfinarios y circos; son los que verdaderamente controlan y han controlado la situación, siempre entre risas.

Será cosa de frikis así, o quizá no lo será, pero anteayer una pandilla de delfines más o menos gamberros rodearon la cápsula espacial que acababa de amerizar y fisgaron y se entrometieron todo lo que pudieron en las maniobras de traslado por el agua de la nave hasta la plataforma a la que la subieron para sacar a los astronautas. Fue un rato largo, en absoluto una casualidad de pasar por allí, y sus movimientos y sus vueltas y revueltas daban toda la sensación de que estaban repartiéndose las observaciones y tomando apuntes. Ha sido magnífica la vuelta de los astronautas, aunque nunca estuvieron en peligro tal como ciertos predicadores proclamaban, y ha sido fantástico el recibimiento que los delfines han dado, y nos han tenido a más de cien y más de mil (aunque no muchos más, me temo) esperando que en cualquier momento dijeran “Hasta luego, y gracias por el pescado”. No consta que lo hayan dicho, pero divertirse sí que parecía que se divertían, y quizá que están estudiando cosas.

5 Cuando hay tan poco sentido de nación, y no digamos de Estado, quizá es que en la actualidad estamos en un momento de hegemonía de la rurocracia.

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