Ya es primavera en filosofíaylascosas

¿Agresiones a médicos?

Dicen que están aumentando las agresiones a médicos en los últimos tiempos. Uno se ve obligado ya desde hace décadas a tratar con unos cuantos, y tengo que decir que casi siempre nos hemos llevado muy bien. A veces te ponen de los nervios y a veces no; pero hombre, eso de agredirles es de otra liga; ellos a veces te agreden a ti, pero te tienes que callar y no responder. El otro día mi nueva médica de atención primaria de la Seguridad Social no me escuchó ni 4 segundos, y no exagero, de los siete minutos que me tuvo bajo su bota: sacaba yo de una carpeta una nueva prescripción de mi cardiólogo, pero ella cogió violentamente otro papel que andaba por ahí en mi mano, que era el informe de hace un año, que la anterior doctora ya había introducido en mi expediente vía frenético tecleo doce meses antes. Quise decirle que, intenté que se diera cuenta de que, yo en realidad había ido para… pero no hubo manera: ella no se callaba, me quería mandar a otro especialista al que mi cardiólogo me había dicho que no fuera, y de paso me informó sobre la actitud de los varones ante una doctora mujer, siempre actitud deplorable, impositiva, incrédula y machirula. A sus cincuenta y pico acababa de descubrir que a su arrogancia gremial podía unir la otra. Y yo, que toda la vida me he llevado de perlas con cualquier médico sin darme cuenta a veces ni de su sexo, calladito y recibiendo el chaparrón, adelantando un poco a veces un dedito como para pedir la palabra. De pronto vio algo en su pantalla y fue la primera vez que se volvió a mirarme a la cara: ¿Por qué me haces perder el tiempo si estos datos ya están introducidos? Y yo: eso quería decirle, es que, ejem, ha cogido el papel que no era… Y ella: la culpa siempre tiene que ser de la mujer, ¿verdad?

El /la eclipse: enfoque de género

Me quedé sin renovar la prescripción. Ya veremos cómo se arregla, pero total, para lo que me queda… (como le dijo un cardiocirujano a mi padre de 70 años, hace algún tiempo). Lo que está claro es que hay que buscar el contento no ahí, sino en las cosas bonitas de la vida. Ya hablaremos de otras y de Benozzo Gozzoli; creo que, en realidad, hablaremos bastante, porque es una tendencia mía que noto por algún lado, no sé si por la tiroides o por el páncreas (o, como se está poniendo de moda en ciertos ambientes, incluso con estudios -?- las tiroides o las páncreas). Una muy bonita y muy próxima es el eclipse del 29 de marzo. Ya sabréis que tenemos otro el 12 de agosto del 26, y otro más el 2 de agosto del 27. Un festín. Pero luego vienen los que se creen que parecen enterados y te espetan: a quién le importan esas bobadas, contra las cosas que de verdad son serias: y te sueltan que de lo que hay que preocuparse es de los comentarios ofensivos que hizo no sé qué concejal o quizá concejala a los zapatos de no sé qué concejala o concejal en el ayuntamiento de Escuaje del Tendoncillo o algo parecido. La política, y concretamente, de todas sus subdivisiones, la politicucha, lo tiene invadido todo y, seamos claros, es una perfecta mierda lo que ha conseguido de nuestra sociedad. Entre los permanentemente ofendidos, los que están a la que salta, los suspicaces de la motivación ajena (ya sabéis: no importa que alguien haga algo correcto, sino por qué lo hace, y si ese porqué no es el que a mí me parece que debería ser entonces lo que ha hecho correcto ya no es correcto), los autistas-egoístas ajenos a cualquier problema del prójimo, y otros enfadaos, nos tienen a todos como sentados sobre un termitero (o sin renovar prescripciones farmacéuticas). Y eso sin contar lo de la ayudante de la dentista, que el otro día soltó, con el aspiradorcillo ese en marcha y bien clavado en el velo del paladar de su víctima (hasta hizo sangre): ¡la lengua quietaaaaa! ¡Cada vez me gusta menos tener a hombres aquí, siempre mueven la lenguaaaa! (que ya son ganas de estar enfadada). Pues es que ahora te obligan a satisfacer, además de las curiosidades legítimas y enfermizas, o sea las buenas, las curiosidades inflamatorias, como, por ejemplo, cómo se las apañará El País para informar “con enfoque de género” de este próximo eclipse. Van abriendo las casas de apuestas: 1) lo primero que hará ese medio será expresar una protestilla porque eso de “eclipse” sea un sustantivo de género (¿no de sexo?) masculino; que ya podríamos ir poniendo LA eclipse. 2) Ídem acerca de que el número de astrónomas sea menor que el de astrónomos, a causa de las medidas de género propuestas por Feijoo. 3) Ídem acerca de que en algunas regiones se vaya a ver un eclipse menor por causa y voluntad de género de Ayuso. No adelantaré cuál va ganando (o sea perdiendo).

3  A lo mejor ha llegado la hora de reivindicar a algunos

Por ejemplo, es una verdad científica ampliamente demostrada y consolidada que el desprestigio de Ortega y Gasset entre las “clases” o entre los “sectores” o entre qué sé yo (es que todo esto es otro campo de minas) que fueron “de izquierdas” o “no de derechas” o incluso “de derechas” (esto otro es un foso con cocodrilos) se debe no tanto a Ortega, al que la mayoría no ha llegado a leer, sino a los pomposos orteguianos. Y a lo mejor ha llegado la hora de reivindicar a Ortega entre esos sectores (o lo que sean), porque se están perdiendo algo bueno, y además, maldita sea mi sombra, tan de actualidad tan de actualidad que seguro que muchos de los adanistas/listillos van a empezar a decir de un momento a otro que eso es fake, que se ve la IA random, y que es imposible que no esté escrito hoy y además por fascistas. Todo lo cual, y quizá compartimos esto, es signo potente de que se trata de algo que merece ser leído. 

4 El problema es que se le entiende

Muchos dicen que lo de Ortega y Gasset no es filosofía porque se entiende. Que sus textos no son filosóficos. Que para filosóficos, los textos de Byung-Chul Han; nos ha jodido que les parecen filosóficos: traduce hegelianadas en alemán a jamos de hangul de Corea del Sur, y elabora sus cosas en hangul, y desde aquí de nuevo vuelve atrás hasta escribir cosas de la sociedad cansada, y eso, en alemán. Lo de lost in translation es un juego de preescolar comparado con esto. Hay muchos que están que no excretan con este coreano hegeliano. Salvo el exconcejal Gabilondo, se diría que no hay muchos más hegelianos-hegelianos por aquí (ni por allí). Me entiendan, o sea, que hay mucho de Hegel incorporado a lo básico, que se dice ahora, y a lo básico filosófico, y eso está bien, pero el resto pues en fin, que tampoco hace falta ir por ahí proclamando que todo es dialéctica del espíritu o más bien del Espíritu, salvo que enfoques así las cosillas que se traen entre Podemos y Sumar, que ya es enfocar. De modo que ya hace tiempo de esto, y se ha llegado al extremo de afirmar (lo he leído con estos que se ha de comer la tierra, o chamuscar el horno crematorio) que lo que no maneje el argot ese hegeliánico no es filosófico.

Es de lo más tonto pelearse por si un texto en particular es “filosófico” o no lo es. El común saludable de los mortales (el otro no) suele tender a suponer que un texto es de filosofía si tiene muchos terminachos que no se entienden bien; pero eso pasa también con los textos escritos por ingenieros y no digamos por médicos, y nadie diría ni dice que eso es filosofía. ¿Por qué querría alguien que una cosa que ha escrito sea tachada de “filosófica”? No es fácil de entender ni de suponer. Pero salta a la vista que muchos lo buscan, cuando han introducido palabrejas en general fuera de tono y de acorde y a menudo en argots de reciente creación, todavía no muy difundidas, para que el común saludable tenga que ponerse la trompetilla en la oreja y preguntar gritando ese “¿cómoooo?” clásico de los sordos de tebeo. Adelantaré, por lo que yo pueda aportar, que, en general, cuando me obligan a ponerme la trompetilla ya me han perdido como lector y hasta como ser humano o lo que sea en mi caso.

Pero no me desviéis, que estábamos, no sé si claramente o no muy claramente, en que lo primero que hay que hacer es aventar la tirria, desde ligera y leve hasta extrema y violenta, que muchos manifiestan tener hacia Ortega y Gasset. Es comprensible, en cierto modo, si nos atenemos a lo que esos pomposos estuvieron haciendo con los restos del filósofo durante los años 60 y 70: nadie normal y saludable querría que le tomaran por uno de ellos (pasaba y sigue pasando algo parecido con los unamunianos: se comportan como con una especie de norma militante de bondad blanducha algo grimosa, como si estuvieran preocupadísimos en dejar claro que los conocidos arrebatos de Unamuno no eran la filosofía de Unamuno, sino un exabrupto en un ser de dulzura y bondad parroquial). Luego puede haber tirria contra Ortega sólo por desacuerdo con las cosas que dice: aunque, en este caso, es una tirria que yo comprendo menos. Aquí estamos todos de acuerdo, creo, en que no hay nada más entretenido (y, ya puestos, educativo) que leer a aquel con el que no estás de acuerdo. Pero es verdad que esto tiene un límite: que se trate de un tío razonable, quizá eso que hasta hace poco podías sin riesgo adjetivar de “educado”, y desde luego que no sean simplezas lo que tienes que leer y procesar. Pero es que ahí entra Ortega (en los leíbles, digo).

En cualquier caso: los adjetivos que Ortega puede merecerse como escritor van desde excelente hasta simplemente amable. Se derrenga para ser entendido, porque no hay lacanadas ni deleuzadas ni derridadas (salvando el anacronismo) en sus textos. Y luego los piensas y los discutes, y te das cuenta de que, al contrario que pasa con tantísimos, dice mucho más de lo que parecía que estaba diciendo (es endemia en la filosofía y en otras indisciplinas lo de que parezca que se dice mucho, pero luego ir viendo que no se decía casi nada, especialmente en francés desde el midcentury pasado). Y eso que, en el lado oscuro, es muy cierto que el adjetivo de prosista que quizá merece sería el de presumido. Pero acabamos de pensar en los franceses, así que eso de presumido no significa nada a su lado.

Lo de los pomposos con papada y andares aznariegos excesivamente lentos al entrar a las presentaciones de libros ha hecho más en contra de Ortega de lo que soñaría hoy hacer cualquier byung-chul-hanesco: hay, hay de estos; pero, curiosamente, pasa con ellos lo vicevérsico de lo que pasa con Ortega: la mayoría de los que son forofos b-c-hanescos no han leído a Byung-Chul. Recordaremos que los archienemigos de Ortega son los que no lo han leído. Vaya lío. Así que pueden sentirse incómodos, porque no hemos hecho más que empezar con ellos.

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