Respondo: y la productora de La infiltrada, ¿qué?

Bueno, bien, de acuerdo: se me agolpan las muchedumbres ante mi balcón exigiéndome reparación por lo que en el anterior digo sobre los problemas de la derecha.

Y no sé muy bien qué pasa; daría la impresión de que el personal está radicalizándose hasta extremos de no permitirte ni preguntarle su nombre. Al grano: que digo que la derecha tiene problemas para decirse, cuando resulta que al final de la cosa de los Goya vino María Luisa Gutiérrez, productora de La infiltrada, y soltó lo que soltó. Que tantos problemas no tendrá la derecha, porque menudo manifiesto que emitió Gutiérrez.

¿Manifiesto de qué? ¿De “derecha”?

Pues precisamente no la incluí en la anterior entrega porque todavía tenía que pensar yo cómo narrar tanta decencia ajena a las coordenadas tácticas con las que había planteado mis párrafos, lo de derecha, izquierda, cine. Y, además, una decencia que, quizá por serlo, era simplemente descripción de la realidad. Ni de derechas ni de izquierdas ni, en el sentido partitocrático, política en modo alguno. Por supuesto, fue con mucho el discurso más político que se ha oído en semejante tribuna, pero se entiende entonces que no en ese sentido mezquinillo y roedor con el que muchos entienden esa palabra.

Ese esquema izquierda-derecha que venimos combatiendo ya desde hace años (lo tenemos hasta en libros impresos para que se compruebe) sigue siendo el único posible en esquemáticas mentes adiestradas en una especie (dejémonos de eufemismos) de “conmigo o contra mí”. Algunos jóvenes necesitan pasar por una fase de rabietas de ese color; en absoluto todos. Pero los que sí las experimentan son sujetos muy en peligro, porque no están precisamente mirando para otro lado los comerciales de los partidos a la caza de “fidelizar” clientes nuevos como esos. Lo interesante de verdad es que haya adultos y veteranos que caen en eso mismo; es un tema para expertos en seducción y manipulación (déjate de marketing), y allá ellos. Hoy, esa rebeldía se dice que se ha ido yendo, sobre todo en jóvenes, hacia lo que hasta hace poco se venía considerando “derecha”. ¿Izquierda? ¿Derecha? Todo eso no es sino signo claro de que no estamos tratando más que con esquemas precarios de desarrollo personal y productos ideológicos más secos que un boniato de secano.¿Por qué es “de derechas” que alguien proclame que en una selección de personal prefiere un proceso a ciegas de examen de méritos, y que desaparezca el recurso a cuotas o compensaciones? ¿Por qué la decencia y la inteligencia son de derechas? ¿Por qué es “de derechas” reivindicar el uso de un castellano medio y popular, dentro de los límites de lo no insultante, en lugar de plegarse a la trituración autoritaria del idioma según criterios pudibundos impuestos por clubs puritanos? ¿Porque la libertad de expresión es propia de “las derechas”? ¿Por qué ponerse del lado de los abuelos que acaban de perder su casa a manos de unos okupas es “de derechas”? ¿Porque la izquierda premia el robo antes que el ahorro? ¿De verdad vamos a caer en eso? Por todas esas cosas dicen que “la juventud” está “inexplicablemente” girando hacia la derecha. ¡Menuda idiotez! O quizá no. A lo mejor es que la izquierda ya no es más que…

María Luisa Gutiérrez proclamó, en primer lugar, su admiración y su apoyo a la policía: eso no es de derechas. Si se convierte en doctrina oficial la idiotez de momento extraoficial entre no sólo jóvenes de izquierdas de que hay que estar en el bando opuesto al de la policía en situaciones de conflictos, delincuencia o desorden, sabremos definitivamente lo que quiere ser lo que hasta hace poco ha sido la izquierda. 

La productora de La infiltrada fue absolutamente clara y rotunda en defensa de la libertad de expresión; algunos espectadores con butaca se removían incómodos y algunos planos cortos nos mostraron miradas de gentes ahí sentadas no hacia la oradora, sino hacia otros colegas sentados unas filas más allá, esas clásicas e inconfundibles miradas que preguntan: “Y…, de estooo…, ¿qué opina el caudillo?” Si a estas alturas se va a sancionar como opinión oficial de la izquierda (que, cuidado, hay una cosa legal en marcha) que la libertad de expresión es una cosa de derechas, sabremos lo que la izquierda quiere ser.

Gutiérrez llamó a todos a respetar de modo activo a las víctimas del terrorismo, de ese terrorismo que se trata en su película. ¿Oponerse a ese respeto es de izquierdas? ¿Por qué, cuándo ha sido Bildu de izquierdas? Oiga, a lo mejor es que eso es ya, en la actualidad, la única la posibilidad que queda de ser de izquierdas. No hay que descartarlo.

Al mismo tiempo, proclamó que los proyectos de la llamada “memoria histórica” que no incluyan la historia reciente de las animaladas de ETA y similares será una memoria histórica defectuosa. ¿Al decir esto insultó a la izquierda? ¿Sólo piensan eso los de derechas?

Ese discurso no estaba incluido en mi anterior entrega, como digo, porque no estaba en el esquema derecha-izquierda-cine del texto: estaba tan fuera de ese esquema como la calidad de la comida de las mesas tras el escenario, las trompas que se cogieron tres o cuatro de los más famosos o la, en general, pésima calidad de los peinados y las cejas de actores y actrices, con unos “estilistas” muy ufanos por detrás, pero en absoluto un asunto de derechas ni de izquierdas. 

Pero ese discurso, por supuesto, no por no estar en ese esquema táctico era menos importante. Probablemente fue lo más importante de la noche y a lo mejor de casi todas las galas goyescas. Nunca se había atrevido nadie, nadie, nadie, a perpetrar semejante andanada de insultos a unas autoridades socialistas: libertad de expresión, respeto a la ley y a sus agentes, respeto a las víctimas, historia veraz. Casi adquirió carácter de atentado. Una vez, después de algún suceso especialmente etarra, alguien se pintó las manos de blanco: lo que parece un digno contraataque no es, en realidad, más que un guardainfantes para no tener que hablar y poner palabras exactas a la realidad política y partidaria que posibilitaba todo eso. Y que hoy se apoya en eso mismo para conservar el poder.

Muy importante lo de María Luisa Gutiérrez; y ha sacado a todo el mundo del pobre y a lo mejor ya difunto esquema derechas-izquierdas. 

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