Democracia fuerte 7

II- Maniobras de resucitación cardiopulmonar de morales arcaicas

La recuperación de esos nacionalismos tan del siglo XIX muestra también muy nítidamente otra de las causas de debilidad de las democracias actuales: la reanimación de códigos morales que creíamos dejados atrás para siempre. Y, como es natural, siempre y solamente bajo el disfraz de novedad política, de progreso y de mejora.

La resucitación de muertos ideológicos ha sido ya completa en algunos casos y está todavía en curso en otros; pero en todos ellos es la viga maestra del estancamiento de la sociedad, cuando no de sus nuevos modos de deterioro. Se da en casi todos los ámbitos, sean políticos, profesionales, técnicos o meramente artísticos, pero también en los domésticos. Y en todos no causa más que averías y dolor y retroceso. Pero, por eso mismo, es necesario ser precisos al considerar que esta resucitación destructiva no es, en absoluto, la conservación o la reanimación de antiguas fuentes de pensamiento o de arte o de técnicas para su desarrollo actual, sino todo lo contrario.

Desde el cambio de siglo se hizo intensa la búsqueda de lo que se podría llamar nuevos materiales para el mundo del arte, del pensamiento y hasta de la política. Muchos sentían que había cierto agotamiento de lo utilizado hasta ese momento; en el campo de las ideologías políticas era más que evidente, pero sucedió al mismo tiempo en la música, en la pintura y en el cine, en la literatura y en la arquitectura, y en casi cualquier otra actividad de creación e ingenio. En música, como caso muy significativo que se podría decir que resume todo lo demás, adquirió empuje definitivo el movimiento que propone volver a acudir a los maestros compositores reformistas del Renacimiento y los inmediatamente siguientes para trazar otro recorrido para el desarrollo de sus ideas, recorrido diferente al que en efecto se trazó en la Historia que conocemos. Algo parecido a lo que se ha hecho otras veces a lo largo de la Historia, como hicieron los prerrafaelitas en pintura u otros, pero en esta ocasión, como todo lo post-siglo XX, se diría que con más recorrido aprendido y con más heridas en el currículum (y por tanto, también, con algo más de cinismo). Todo ello, naturalmente, sólo fue y es posible porque hay muchas personas muy formadas y con un enorme dominio de los contenidos y las técnicas necesarias tanto para analizar lo que hubo como lo que no hubo pero pudo haber habido.

¿Qué es lo que no se hizo?

Por ejemplo, acudir a Antonio de Cabezón para volver a componer y ejecutar sus diferencias tal cual él lo hizo.

Pero justamente esto último es lo que han hecho en la actualidad los resucitadores de morales arcaicas, cada uno en su campo.

Sólo en casos muy aislados y extravagantes tales recuperaciones se presentan como lo que son, porque en casi todos los casos se venden como novedad, como un nuevo progreso, como la mejora definitiva de una situación que hasta ahora no se había probado (el adanismo, por supuesto, es quien proporciona la carne de cañón imprescindible de estas maniobras). El fenómeno sólo se puede comprender aceptando uno de dos supuestos: o está manipulado por verdaderos reaccionarios que han estado agazapados a la espera de una oportunidad para volver a imponer su moral cochambrosa, o la ignorancia de los agentes de estas recuperaciones morales es mucho mayor de lo que parece al oírles hablar en sus asambleas y en las instituciones que han contaminado con su presencia. Probablemente se debe a las dos actuando en alianza, no necesariamente consciente. En todos los casos se trata de asuntos y problemas de esos que se suele decir que son claros y evidentes, indiscutibles: quién puede apoyar la violación, o la explotación del trabajador, o la ludopatía. Nada inventan los de hoy cuando eligen esas causas como capa bajo la cual ocultan sus verdaderos intereses, sean estos explicables, sean absurdos dislocados imposibles de defender desde cualquier punto de vista amigo de la de la salud mental. Por ejemplo, desde qué universo racional se puede defender que cuanto menos disfrute del sexo, mejor; y todo lo que a continuación parece deducirse de eso. Obsérvese la peculiaridad de que la premisa inicial no suele ser explícita, quizá porque cualquiera, incluso sus mismos defensores, perciben que no es fácil defenderla; se da algo así como por implícita, o supuesta, o tácitamente aceptada, y no se habla mucho de ella. Se habla, y se propone, y se regaña, y se catequiza, y se castiga o se premia, todo lo que viene a continuación. Pero antes de entrar en ello conviene, aunque sólo sea como preparación linfocitaria, insistir en dos extremos:

1- En las recuperaciones de morales arcaicas no se mencionan estas, sino que directamente se adoptan y se aplican y se difunden al comentar y evaluar la casuística del presente, siempre con la valoración adjunta: fíjense, y al final lo que quería era sólo sexo (como quien descubre el delito oculto, porque se cuenta con que «querer sólo sexo» es algo así como un delito); y de esto, el que sale perjudicado es el obrero (como si los que no son «obreros» no fueran también perjudicados por ese descarrilamiento ferroviario o por esa inundación); esas casas de apuestas deportivas son el origen de la ruina de las familias (como si en España no se fomentara hasta la saturación el juego de loterías estatales, regionales y locales, o las de la ONCE, o las apuestas privadas y porras en cualquier empresa, comunidad de vecinos o universidad).

2- Los agentes recuperadores sobre el terreno de morales arcaicas no saben que están recuperando morales arcaicas: los que lo saben son los impulsores de todo eso, que permanecen sin excepción en la sombra o quizá más bien en la penumbra leve, porque lo cierto es que son detectables, pero nunca salen a la primera línea de la discusión sobre la casuística actual en la que esa moral que defienden se ve involucrada. Por decirlo gráficamente, el ejército de personas que vigilan sin descanso cualquier brote de grave micromachismo en el supermercado, en la cafetería o en la oficina o por la misma acera son personas que creen estar construyendo la sociedad del futuro libre, cooperativa, igualitaria y por fin justa (pero en absoluto esa es la consecuencia de sus denuncias, sino el simple y antiguo deterioro de la comunicación presexual entre individuos, deterioro que es por cierto la causa de un océano de problemas precisamente de comportamiento sexual).

La moral fósil del obrerismo victimista ha traído, como es visible, el alud de cieno del populismo político de extrema izquierda; la moral fósil de la sexofobia es la que se ha aprovechado del feminismo como carne de cañón y está produciendo una colección de sexopatías que sólo parecían y parecen salud a sus promotores de antaño y de hoy; el purismo puritano en todos los órdenes, por ejemplo en lo relacionado con el disfrute del juego de azar libre, pero en muchos otros campos también, sólo está desembocando en autorrepresión, en censura del otro y en miedos sociales.

Será necesario acercarse a ellos y averiguar si tienen algún punto débil. De momento, es la sociedad democrática la que se hace más débil por su acción.

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