De esas conversaciones envenenadas que venimos diciendo, resulta que al final no puedes apartarte tanto como quisieras porque a) son asuntos que te interesan, cómo no te van a interesar; y b) es que no te dejan apartarte, por Dios, que están todos los días por todas partes, son como obsesiones de un TOC, que si has compartido con un TOC solamente el trayecto de la boca de Metro hasta la esquina ya te ha dejado convencido de que la realidad toda se compone de piezas fabricadas según el número 7’38 (por ejemplo), y ya te hace a ti un poco TOC también, porque te vas a tirar el día preguntándote por qué 7’38 y hasta buscándolo por ahí. Esto, por cierto, es una de las principales características del trastorno llamado TOC: contagia algo. Ya lo hemos comentado en otro lugar: los de alrededor acaban comportándose como si tuvieran ese TOC que tiene el compañero con TOC, simplemente para que este deje un rato de darles la brasa con su TOC (yo qué sé: colocarles a todos las puntas de las solapas de la camisa por fuera de la chaqueta, o lo que sea) y les deje hablar tranquilos (así que todos se van colocando esas solapas por fuera antes de que llegue el TOC). Oye, lo mismo con la pegajosa actualidad: «Si un hombre te dice que no es machista, es machista», le titulan la entrevista a la actriz María Vázquez hace como una semana. Acabáramos: las brujas de Ámsterdam (y de otros cuantos sitios). Yo te sumerjo en el agua cinco minutos: si te mueres, tenías razón y no eras bruja. Si sobrevives, es que eras bruja como yo decía, y entonces te mato (normalmente quemándote, porque lo del agua ya se acaba de ver que no te afecta demasiado). Entonces te pillan las de la tele por la calle y te preguntan ante la cámara:
-Oiga, ¿es usted machista?
-Yo no soy machista.
Y entonces te detienen y te mandan a la isla del Diablo junto a Papillón, porque acabas de afirmar que eres machista. De modo que, como te lo sabes, contestas:
-Por supuesto, soy machista.
Y entonces te detienen y te mandan a la isla del Diablo junto a Papillón, porque acabas de afirmar que eres machista.
¿No habíamos quedado en que no es no? ¿Por qué ahora no no es no, sino no es sí?
Supongo que la cosa no tiene mucha más enjundia (o sí, si te toca como víctima), y se puede resumir en esa filosófica frase, una de las que más atinadamente expresa la condición humana: estamos jodidos.
La actualidad es la que nos tiene jodidos. Qué sabiduría la de (el auténtico) Maquiavelo, cuando se sustraía cotidianamente de su propio tiempo y, tras la cena, se iba libros mediante al pasado ático del que era tan aficionado, tan fan, un fan-ático. Si ya sabemos que ese sería el camino, si eso es lo que estamos deseando, qué otra cosa querríamos hacer. Pero es que estamos rebuscando con gozo en la biblioteca Gredos las menciones a la colaboración política en aquella misma Atenas, por ejemplo, cuando nos interrumpen con sus fanfarrias las portavoces no se sabe si del gobierno o del partido en el gobierno, con su habitual entonación entre la maternal «pequeñuelos, no os asustéis » y la amazónica «aquí todos o calladitos o ultraderechistas»: fíjate, que decretar la impunidad para políticos, sólo políticos, catalanes, sólo catalanes, es lo que nos va a traer a España más beneficios social-legales. Eso lo ha soltado casi literalmente la Enojada Montero hace tres o cuatro días. ¡Nos ha interrumpido la lectura de la cosa de Parménides! Este tenía muy claro eso de el ser es y el no ser no es, que se parece sospechosamente muchísimo a eso de sólo sí es sí y no es no. Pero es que, por estar jodidos, lo estamos hasta en las bielas: ni en inglés ni en francés ni en alemán, por decir sólo tres idiomas, se hacen seminarios ni trabajos académicos especiales sobre el principio de no contradicción. Sólo se hacen en español, porque se tradujo tan mal, tan cursi, tan pedante, tan oscurezcámoslo desde el principio, que cualquiera se enreda, se pisa sus propios cordones lógicos y se la pega, con eso que (costará tanto entenderlo) cualquier nene empezando a hablar ya domina. ¿Me atreveré a poner aquí la fórmula española consolidada en medios catedralicios? Sí: «Es imposible que lo mismo y su contrario se den a la vez en uno y lo mismo». ¿Te lo puedes creer? En esos otros idiomas, que serán todo lo bárbaros que quieras para otras cosas (no tienen traducción para «manoletina» ni para «chicuelina», dicen algunos a los que eso les preocupa) dicen, que seguro que lo recuerdas: A no es no-A. ¿Es que no basta con eso? ¿Acaso hace falta esa rocalla de la fórmula española como de traductor de misal nacarado para niños pre-vaticano segundo (o quizá más todavía post-V II)? Años y años de amantes del tema, y sin resolverlo, y hete aquí que es la pringosa actualidad actual la que nos lo ha aclarado: claro que hace falta ese rococó verbal. Por resumir, de momento lo dejaremos en que toda la escuela del no es sólo sí (o como sea eso, que nos estamos liando) ¡sale de ahí! Y todo lo demás se desencadena desde eso.
A ver, entonces, si lo hemos pillado: como impunizamos a los políticos catalanes de las fechorías que han cometido, estos nos votan a favor las leyes que propongamos en el Congreso; y algunas de estas (ojo: las otras no, y algunas incluso al contrario, pero estas no se mencionan) dirán que tú, oh, pensionista, sigas cobrando; y sólo así, si sigues cobrando, podremos detraer de tus ingresos esos, veamos…, más o menos…, es decir…, como 800 y pico euros al año para pagar a esos políticos catalanes no sólo impunizados sino, además, regalados como niñatos golosos insaciables desde los excesivos elogios del 92, con una quinta parte del PIB español, que es lo que vienen a ser los 450.000 millones de eurillos que ahora exigen los sinvergüenzas. Esto sí que es un bucle melancólico, o simplemente cólico. Como mínimo, porque para ese viaje no hacía falta esa mochila de pensiones, porque con quitar la pasta de las arcas públicas ya bastaría, sin hacerla pasar por las moteadas manos de los jubilados; o no, un momento, es que esto nos da el valor añadido de poder decir que hacemos mejoras sociales, claro, qué tontos, no habíamos caído. Y todavía alguno de los de por el fondo del Maresme se creerá un excelso ingeniero socioeconómico.
Si eso lo hubieran montado hasta mis sobrinos de 6º de Primaria, hombre. Nos están haciendo comer como si fuera política lo que no pasa de ser una pelea entre montoyas y tarantos (qué susto dan estos apellidos, aunque algunos no lo sean, al noreste del Ebro), aunque da la impresión de que esto es ennoblecerlos demasiado. Y os habréis dado cuenta de que de ahí viene casi todo lo demás, incluyendo las broncas sobre Doñana (que se diría que se han resuelto con una firmita, pero ya veremos), la constitucionalidad o no de esa impunización (cuando no es en absoluto lo más importante de esa discusión porque, puestos a ser algo constitucional, puedes hacer que cualquier cosa lo sea, hasta la injusta, claro), y todo todo todo lo demás, pon lo que quieras: la obsesión Ayuso (a la que sacan por todas partes, en cualquier ocasión aunque no sea ocasión, a propósito de nada y/o sin venir a cuento, pero el caso es mencionarla despectivamente, un coñazo de moda que han impuesto y la gente reproduce como convencida sin darse cuenta de que es simple lluvia fina long distance porque hay quien sigue sin ganar en Madrid década tras década), Ángel Cristo o lo que sea eso, el agua que falta o que sobra (y siguen sin hacerse los acueductos peninsulares norte-sur), el despiece del Museo del Prado, cualquier cosa que se mencione en público. Nada es hoy en España más que cortinas de humo.
Y si alguien te dice que no son cortinas de humo, es que son cortinas de humo, ¿no?
Deja un comentario