Qué asco de torbellino, con lo bonita que nos había quedado una cosa sobre Stirner, que tenemos que poner a la espera de posteriores fechas (más de un lector respirará aliviado: Stirner, madre mía): ¿será posible que, al final, se quede solo Vox defendiendo el Estado de Derecho? Quién lo iba a decir. Eso de «quedarse solo» lo convirtió el PSOE en una muletilla chunga en el Congreso de los Diputados algo así como para reírse, al estilo de los futbolistas argentinos al ganar el mundial de Qatar, del que no ganaba algo, una propuesta de ley o no de ley, una compañía para bajar al bar, cualquier cosa (como si no significara la mayoría de las veces que tenía más razón el solo que el que era «acompañado» por otros grupos parlamentarios). Me parece que fue hacia el final de los tiempos aznáricos, y que ayudó mucho a que fuera, efectivamente, el final. Si ahora va a resultar que el que «se queda solo» es Vox defendiendo el imperio de la Ley, ¿qué hacemos? ¿Sólo por no estar al lado de Vox nos ponemos por fin en contra de la Ley y a favor de la infame amnistía? Vaya lío. Y lo digo porque hasta Feijóo ha empezado a dar sintomitas de flojera, con eso de que «Puchi, por lo menos no nos ha mentido». Así es como empezó lo de «noción discutida y discutible», que es en realidad lo que nos ha traído hasta aquí.
Lo de ese quedarse solo como si eso fuera un defecto o un error o, en cualquier caso, motivo de risa, mofa y befa, no deja de ser una idiotez de matoncete de patio de colegio. Los periódicos, por supuesto, se lo tragaron y lo usaron inmediatamente y con frecuencia. Recientemente se ha oído mucho con motivo de los apoyos o no-apoyos que ha recibido la investidura o no-investidura de Feijóo. Pero la verdad es que de simplezas está hecho el populismo, claro. Ojo, que lo que tenemos entre manos es un caso práctico, como de optativa de la universidad, de técnicas populistas. Si todos los demás políticos van perdiendo el sentido del tamaño del bosque a base de mirar sólo a sus propios pies, y por su lado la población sigue sabiendo que eso es un bosque, el único de entre los políticos que «se quede solo» (a lo mejor) afirmando que en efecto eso es un bosque, tiene muchas papeletas para conseguir el favor mayoritario de los electores. Si repasamos antecedentes populistas o protopopulistas desde 1923 (sí, justo) hasta hoy, me parece que no vamos a encontrar un solo caso en el que no se haya dado este mecanismo. Y no le vamos a poner nombres, que están en la mente de todos.
Lo malo es que políticos autonómicos que han acabado ante el juez y además más o menos condenados, e incluso que ya llevan tiempo entre la lavandería y la biblioteca de la cárcel salen, así, a ojo de buen cubero, como 600 o puede que 700. Sí, 600 consejeros autonómicos, directores generales, secretarios nosequé, subsecretarios nosecuántos, viceconsejeros, y jefes de esto y de aquello, y desde luego unos cuantos presidentes. Lo mismo que la catalanez: desde el presidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González, al presidente murciano Pedro Antonio Sánchez y el presidente valenciano José Luis Olivas, todos del PP, por decir algo, hasta los andaluces Manuel Chaves y José Antonio Griñán, los navarros Gabriel Urralburu y Javier Otano, el aragonés José Marco, todos del PSOE, por no quedarnos callados (cuando en la nueva izquierda nueva se hacen cruces con las condenas de los peperos, quizá deberían consultar antes estas listas). Y no nos hemos metido a recitar los patronímicos de los del segundo nivel ni los del tercero, así que disfrutemos del alivio, porque son varios cientos de no catalanes. A estos, a los catalanes, es que no se les ha pillado por trincar o por cagarse en la ley, sino por ser catalanes, o por querer un país catalán solito (¡se ha quedado solo!) en su propia órbita alrededor del Sol, o por preferir a la Montse antes que a la Maca de Triana; como dicen en cierto pueblo de la Castilla del norte cuyo nombre no queremos poner aquí por ahora, «es que a veces ves claro que España vive de pensar todo el día en cómo jodernos». Pero no perdamos el rumbo, que estamos en lo que estamos: habrá que acabar excretando un
MANIFIESTO POR LA LIBERACIÓN INMEDIATA DE LOS PERSEGUIDOS POLÍTICOS AUTONÓMICOS,
es decir autonómicos trincones más o menos probados y conocidos, o por la limpieza de sus expedientes y la devolución de las multas que hasta ahora hayan pagado (o incluso tengan por pagar, ya puestos).
Que lo que pasa es que no vemos por qué va a haber que considerar «políticos» a unos (y entonces con la UNESCO volcada a su favor, y hasta John Carlin, el acabose) sólo porque tengan detrás a los fumados del Cercle de Economía, y por qué va a haber que considerar a los demás simplemente apandadores. ¿O es que no es simplemente apandar lo de esa malversación del Penedés? No hay nada claro por ningún lado: o los políticos son siempre presos políticos, sean presos por la causa que sea, incluyendo bandidaje, exacciones y conculcación de derechos fundamentales a los ciudadanos, y entonces apaga y vámonos, o son sujetos de derecho como cualquier otro. Y tanto rollo y tanto canturreo de amnistía no son más que maniobras diversivas, ¿no lo ve claro tanta gente?, para que, por ejemplo, la familia Pujol (y sus satélites bancarios, empresariales, audiovisuales, monásticos) se libren.
Esto del Imperio de la Ley y del Estado de Derecho es que debe de estar muy abajo en la lista de preferencias de Spotify de todos estos.
Pero es a lo que se reduce toda esta mierda. Y mucho ojo, que la gente lo nota, lo sabe, lo ve, y si alguien se queda solo defendiendo la legalidad, por más que sea alguien de quien sorprenda a primera vista, va a pasar lo que va a pasar.
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