ONGs, OGs, no-OGs

Si hay 3 conversaciones envenenadas por encima de todas los demás son, y no forzosamente por este orden, el imperio español en América (y los catalanes y etcétera; últimamente con la nueva especialidad de «imperio español asesino del palestino Jesús en el calvario»), la existencia de Israel (y los británicos y etcétera) y el natural opresor o como mínimo maltratador de los hombres, es decir de los varones, y especialmente violador en el caso de los españoles (tal cual). Ay de ti como te pongas a hablar de ello con testigos. Las cosas estas, como mucho, hay que llevarlas como Antoñete hablando de toros: dándole el rollo a tu chimenea, y nada más que a tu chimenea. Y si no tienes chimenea, pues en cualquier streaming o plataforma hay prográmulas de dos y tres y cinco horas de leños ardiendo: háblale a la pantalla.

Lo malo es que alguna de ellas entra tan de lleno en nuestro campo de juego, y con tal estruendo y destrozo y aparato, que, aunque sea para poder seguir jugando, a veces no hay más remedio que decir algo en presencia de alguien. Que eso te va a costar una ristra de palizas proporcionadas por agentes de las más enfrentadas posturas, eso es seguro. Pero oye, que no hay más remedio. Porque es que en lo de ahora hasta confluyen las tres.

Señalemos cuanto antes al elefante del salón: un gobierno democrático nunca debe colaborar ni aportar suministros a gobiernos no democráticos en crisis, porque siempre que se ha hecho, sin excepción, los enemigos de la democracia han engordado, igual que las familias-caciques de esos gobiernos no democráticos; para eso, en caso de urgencias humanitarias, están las ONGs. Un insuperable ejemplo de melange o cóctel stuart-millesco, con el poder público haciendo aquello para lo que está, y la sociedad civil haciendo aquello para lo que es (no queda claro quién va antes, y cuál de los dos rellena los huecos que deja el otro). Recordemos brevemente, y con benévola sonrisa, la cantidad de aeropuertos que el Estado español le ha regalado a Cisjordania, o a la Autoridad Nacional Palestina, o como quiera llamarse, o más bien la cantidad de veces que le ha regalado el mismo aeropuerto: como las nuevas urbas de Illescas y por ahí, oye, con las tuberías de cobre levantadas casi desde antes de llegar.

Otrosí digo: hay que escoger con cuidado y erudición la fecha de la historia a partir de la cual vamos a empezar a calificar las cosas. De esto en España sabemos mucho: la «mezquita-catedral» de Córdoba es presentada a veces como un insulto cristiano a la mezquitez previa: no hay derecho, esto justificaría una yihad (que dicen los de primero de Políticas y afines; bueno, y casi todos los graduados nacidos después de 1975) y tal. Pero eso olvida, claro, que esa mezquita fue a su vez construida y amontonada sobre la iglesia cristiana previa; y así sucesivamente. Dependiendo de donde pongas ese bonito mojón, el que marca y se llama «La Fecha En La Que Comenzó Todo», pues el usurpador resulta uno u otro, por supuesto. ¿Hablamos de Jerusalén y de sus expolios, y de cómo se les quitó a los musulmanes allá por el año 1000 -no quiero ser preciso ahora-? Qué escándalo. Pero, un momento, ¿por qué no llevamos el cursor un poco más allá y empezamos nuestra historia el año, pongamos, 600 -no quiero ser muy preciso-? Qué bochorno. Así se podría estar jugando a «Quién le quitó qué a quién» hasta el infinito; probablemente hasta el antecessor; que ya hemos leído alguna cosa reclamando la devolución de lo que el «neandertal castellano» (discutible personaje, por otro lado y por muchos conceptos) le quitó al pobre e indefenso «neandertal catalán» (indiscutible, divino, perfecto personaje).

Por ceñirnos a lo de hoy, digamos que no está bien que dejemos a las gentes sin suturas quirúrgicas ni anestesias, pero que a lo mejor la existencia de las ONGs (no sé si de todas) se justifica por el hecho de que se encarguen ellas de eso; porque los gobiernos democráticos no pueden ponerse en ese plan cuando lo que mejor y más se sabe es que esas donaciones, hechas de ministerios públicos a ministerios públicos, suelen acabar en una reventa de mercante herrumbroso a mercante herrumbroso frente a las costas de Tanzania, y no precisamente para beneficio de las poblaciones a las que se quería (o eso se decía) beneficiar. Las ONGs tienen sus canales, su personal, sus controles y sus agentes destacados «allí»: los gobiernos, por lo menos los democráticos (o sea, las «organizaciones gubernamentales», las OGs del título), no pueden tener «agentes destacados allí» para ese control. Las ONGs son las que pueden. Y, sobre todo, esas no-OGs, o sea el individuo individual, el par de amigos, la arrojada escritora, el cineasta en «permanentes ciernes» que va a ver si personándose en el escenario de las carencias da un impulso a su carrerita, o el sincero, preocupado y verdadero vocacional de aminorar los problemas a los demás.

Pero es que luego están las otras dos conversaciones, que ahora sólo vamos a mencionar, porque ya me están llegando los golpes de la primera, y hay que dosificar el reflex, así que las dejamos para sucesivas entregas: los brittons, como siempre, no es que se pongan de perfil: es que se han ido todos a la carpa de los sándwiches del partido de críquet. Oye, que yo os dejo montado este cirio, una vez más, en un lugar más, y que allá películas, que el que venga detrás que arree, que la culpa, como dicen los rioplatenses, siempre es de los otros, ¿o no? Y no te cuento ya de lo último, claro: a estas alturas hasta resulta una canción de preescolar eso de pedir que nos expliquen los de las «nuevas izquierdas nuevas», que ya llaman algunos, cómo ligan la salsa de sus preferencias palestínicas o iraníes en general con lo que se podría llamar, si fuera una enciclopedia, «Teoría y práctica de la mujer en el Islam realmente existente», por ponernos progres de los setenta con la expresioncita. Que lo que digo, que hoy esto es ya una simple vulgaridad, de lo preguntado y lo incontestado que está. Pero es que está ahí: cinco mil cohetes y decenas de comandos enviados sin aviso contra la población civil, por lo visto son progresistas. Todo lo que viene a continuación es machista y facha.

Deja un comentario